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Ministros
de Dios. Sal 103:21;
104:4;
Heb. 1:7 (sacerdotes).
Ex. 28;
Heb. 10:11
dignos de honor y obediencia. 1 Ts. 5:12,13;
1 Ti. 5:17;
Heb. 13:17
de Cristo. 1 Co. 3:5;
4:1;
2 Co. 3:6;
6;
Ef. 3:7;
6:21
cualidades de. 1 Ti. 3;
Tit 1; 1 P. 5
SOBRE LOS FALSOS MINISTROS
falsos, profecías y descripción. Jer. 5:13,
6:13,
Ez. 14:9,
22:25,
Os.
9:7; Mi. 2:11,
3:11;
Sof. 3:4;
Mt. 24:4;
Hch. 13:6,
20:29;
2 Co. 1:13;
1
Ti. 1:6, 4:1,
6:3;
2 Ti. 3:8;
Tit. 1:11;
2 P. 2;
Jud. 1:4; Ap. 2:1,
14:20
no prestar oídos a. Dt. 13:1;
Mt. 24:5;
Col. 2:8;
1 Ti. 1:4;
4:1,
Heb.
13:9; 2 P. 2;
1 Jn. 4:1;
2 Jn. 1:10;
Ap. 2:14
cómo probar y evitar a. Is. 8:20;
Ro. 16:17;
Tit. 3:10;
1 Jn. 4:2,3;
2 Jn. 1:10
condenación. Dt. 13:1;
18:20;
Is. 8:20,
9:15;
Jer. 28:15;
Ez. 13:8,
14:10;
Mi. 3:6;
Ga. 1:8;
2 Ti. 3:9;
2 P. 2:1;
Jud. 1:4,10,16
"Ceñíos y lamentad, sacerdotes;
gemid, ministros del altar; venid, dormid en cilicio, ministros de mi Dios;
porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libación." Joel 1:13
Libación. 1. Acción de libar. 2. Ceremonia religiosa de los antiguos
paganos, que consistía en derramar vino u otro licor en honor de
los dioses.
EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA
"Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo,
que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir."
(Is. 48:17)
"No es buen árbol el que da malos
frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su
fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas(1) se vendimian
uvas [vendimiar = Recoger el fruto de las viñas.]. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre
malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del
corazón habla la boca." (Lc. 6:43-45)
La creación de este "buen tesoro del corazón", (contrario a lo que
predican los ricos), no se
refiere a un tesoro de grandes cuentas bancarias, de perseguir insaciablemente
la prosperidad económica e imputarle a Dios tus progresos económicos, a poner tu nombre en grandes
letreros, a publicar avisos sobre lo importante que eres, a tener enormes negocios,
propiedades acumuladas, o bienes materiales. Tampoco se refiere a construir y donar grandes
iglesias ni edificios para la congregación, ni a dar una limosna de vez en cuando a
un pobre para sentirte salvo, ni a explotar miserablemente a tu prójimo. No se refiere tampoco a robar a
un pobre para vivir
como rico, no se refiere a nada de eso, "el buen tesoro en el corazón" se refiere a "la capacidad que tiene
cada uno de nosotros de almacenar amor sincero en esa gran bodega que es tu propio corazón".
Este es el "buen tesoro" que Dios Padre y Nuestro Señor Jesucristo su hijo,
quieren que nosotros construyamos en nuestro propio corazón.
La salvación no se compra con dinero. Los ricos, al igual que los pobres, penosamente también tendrán que responder
ante Dios Padre y el Hijo en su día del juicio final.
Los pobres, -ya lo dijo nuestro señor Jesucristo-, son bienaventurados y a
ellos es a quienes pertenece el reino de los cielos.
Pero los ricos, como él mismo lo recalcó, si tienen mucho que tapar y
mucho que justificar, principalmente su propia mala conciencia, su avaricia, su
actitud oportunista, su codicia, su psicodependencia a la acumulación de bienes;
ellos, junto a los falsos pastores y maestros, los amigos de los ricos, y los
defensores de los ricos, nunca
dejaran de inventar nuevas doctrinas, falsas doctrinas, y re-escribirán la Biblia
en cada oportunidad que tengan.
Si bien Jesucristo ya no
está físicamente con nosotros para decirles personalmente: "alto a tanta
sinvergüencería", su palabra y su espíritu si permanecen siempre con nosotros.
Véase: Despertad #9
Sus mandamientos e instrucciones sobre lo que es la verdadera vida cristiana
están claramente escritos en la Biblia.
Los falsos Pastores y Maestros, bajo la "falsa" enseñanza de "cree en Cristo y ya eres
salvo", se han dado ellos mismos la rienda suelta a cometer toda clase de
atropellos.
Creer en el Hijo, creer en Jesucristo significa muchas cosas, significa "creer" en su
mensaje de salvación y obedecer, aceptar y cumplir las condiciones del nuevo pacto.
Significa también
escuchar su voz y
su llamado, "aceptar" sus mandamientos y cumplirlos, seguir fielmente sus
enseñanzas, aceptar todas y cada una de las condiciones del nuevo pacto, seguir
fielmente sus instrucciones y enseñanzas. Significa amar al Padre por sobre todas las cosas, amar al
prójimo como nos amamos nosotros mismos, compartir el pan y el vino con el
prójimo a quien debemos amar como a nosotros mismos, y también significa muchas
otras cosas mas que se detallan en la Santa Biblia.
NO EXISTE LA CREENCIA SIN LA OBEDIENCIA
No existe un "cree y se
salvo" en un sentido resumido o propagandístico. No existe un "hoy peco y
mañana me confieso" y ya soy salvo. Solamente existe un cree en El "como dicen las escrituras",
obedece !!
y entonces si, serás salvo. Si crees entonces obedeces, y si obedeces, es por
que en verdad crees. ¿Conoce alguien a algún rico que no sea un avaro?, o
viceversa, ¿Conoce alguien a algún avaro que no sea un rico?, ¿Alguien recuerda
cual es la principal característica de Satanás? Su avaricia.
Entonces, podemos darnos cuenta fácilmente de quienes son los
falsos pastores y maestros a los que se refiere la Biblia. No existe tal cosa como: Yo creo en mi Padre,
o creo en Jesucristo, no se en verdad quienes son, no los conozco a plenitud, no me importa lo que
ellos digan, o lo que diga la Biblia, no hago caso a
sus ordenes, no me gustan ni obedezco sus mandamientos, hago caso omiso a sus súplicas,
simplemente no los obedezco, y aún así, por que digo que creo, ya soy salvo.
Por favor, abran los ojos. Usen su
entendimiento.
Los principales mandamientos que todos debemos
cumplir, ricos y pobres, son: "Amar a
Dios por sobre todas las cosas, y amar al prójimo como te amas a ti mismo".
Podemos recordar que fue Judas Iscariote (2), codicioso y deshonesto, quien manejaba los dineros del
ministerio de Jesucristo y quien por 30 monedas de plata vendió al Señor Jesús para su muerte.
Judas representó el triste papel de la vulgar y ya conocida "avaricia",
codicia común en
todos los que siempre quieren más y más y más; los ricos.
Por que de la abundancia de esta
riqueza en las grandes bodegas de tu corazón es que hablará cada día tu boca,
(el beso de Judas). En donde esta tu riqueza, allí está tu corazón.
Una
bodega llena de falsa riqueza, (riquezas materiales-económicas), o sea, de amor fingido.
El amor fingido solo
produce palabras de amor fingido. Amor falso, palabras falsas. El mal tesoro de tu corazón. Y en
consecuencia, tu condenación.
(Ojo todos los ricos.) Véase: Lc. 6:43-45.
La formación de buenos ministros Cristianos es una tarea que requiere de
un gran esfuerzo personal y de la contribución generosa de las instituciones que persiguen la evangelización
como parte de su ministerio.
"Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí
[rabino]; porque uno es vuestro
Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a
nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni
seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo" (Mt 23.8-10).
Este sitio quiere contribuir a que los nuevos Ministros Cristianos, con o sin
denominación, vivan una verdadera vocación Cristiana en
la estructura comunitaria de su propio lugar de trabajo, con la mayor calidad
profesional posible y con una proyección apostólica de verdadera fe.
Por ello, si usted es un Ministro Cristiano, le pedimos frecuentar este sitio constantemente para recibir guía e
instrucción adecuada.
DISCIPULADO
¿Qué era discipular en el tiempo de Jesús?
El tipo de formación personal que Jesús les dio a sus
doce discípulos era familiar para los judíos de su tiempo. Puede que también nos
sea útil hoy si lo miramos con detenimiento.
Hace varios años le preguntaron a un Pastor muy famoso: "Si usted fuera el pastor de
una gran iglesia en una ciudad importante, ¿cuál sería su plan de acción?".
El Pastor respondió: "Convocaría a un pequeño grupo de ocho, diez o doce hombres
alrededor mío para reunimos unas horas por semana... y para pagar el precio, compartiría con ellos todo lo que
he aprendido durante algunos años; luego tendría en
efecto, doce ministros en la congregación, ellos podrían, a su vez, tomar a
otros hombres y enseñarles. Conozco iglesias que lo están haciendo, y eso está
revolucionándolas".
Jorge Martín, en La Parroquia de Hoy (Today's Parish), propone un plan similar
para resolver la inminente escasez de líderes. Martín señala el ejemplo de Jesús
en la formación de los doce y dice: Quizás los pastores debieran pensar que van a quedarse sólo tres años más en
sus parroquias como pastores y que, cuando se vayan, nadie vendrá de otro lugar
a cubrir su puesto.
Si actuaran como si esto fuera a ocurrir, agrega, "pondrían la máxima prioridad
en la selección, motivación y entrenamiento de aquellos líderes laicos que
tomarán la larca". Los resultados de tres años continuos de este enfoque serían
muy significativo. Hasta revolucionario.
En estos últimos años muchos cristianos se han vuelto a interesar por el método
de Jesús para entrenar hombres para el ministerio. La falta de obreros
cristianos, el descontento con la preparación académica para el ministerio, la
necesidad de entrenar a los laicos, la necesidad de líderes cristianos que
puedan funcionar en las comunidades como ancianos, son todos factores que han
influido para que la atención de la iglesia se dirija a la relación de Jesús con
sus discípulos.
Hay una gran variedad de interpretaciones sobre el discipulado. Hace algunos
años este lema suscitó bastante controversia en la irrupción de la renovación
carismática. Algunas personas han cuestionado lo apropiado de estas relaciones
de formación, esta metodología, en manos de otro líder que no sea Jesús mismo.
Otros se han valido de ella como solución para muchos de los problemas de la
iglesia.
Sugiero que veamos tres relaciones de formación: la relación rabino-discípulo,
la relación de padre-hijo entre los judíos en el tiempo de Jesús, y la relación
líderes de la iglesia primitiva y los hombres a quienes ellos entrenaban.
DOS SIGNIFICADOS
Como cristianos modernos, cuando pensamos en "discípulos", tendemos a pensar
sólo en aquellos doce de Jesús. Pero el Nuevo Testamento se refiere también a
los discípulos de los fariseos y los de Juan el Bautista (Mt. 9.14,
Mt. 22.15-16;
Mr.
2.18; Lev. 11.1).
En aquellos tiempos, la relación maestro-discípulos era, entre los judíos, forma
más común de preparar a los hombres para los roles de liderazgo religioso. A
pesar de que la palabra griega para discípulo quería decir simplemente "alumno",
en el Nuevo Testamento tienen siempre una mayor connotación. Los discípulos a
los que se alude en el Nuevo Testamento eran, en cuanto a la relación con sus
maestros, más bien aprendices.
Ahora bien, el Nuevo Testamento usa también el término discípulo para todos los
que creen en Jesús, de modo que la palabra es usada de dos formas: una, en forma
especial para aquellas personas que seguían a un maestro tal como Jesús o Juan
el Bautista a todas partes, en una relación explícitamente de formación como
aprendiz, y otra, para denominar a todos los que aceptaban el evangelio y se
convertían en cristianos.
El no reconocer estos dos sentidos de la palabra
discípulo en el Nuevo Testamento ha sido una fuente de confusión para muchos,
especialmente al interpretar Mateo 28: "Id y haced discípulos a todas las
naciones".
Algunos concluyen que todo cristiano debería ser discipulado en la
misma forma que los doce. Otros, queriendo cubrir la necesidad de formación e
instrucción que tiene todo nuevo cristiano, han aplicado el término "enseñanza
del discipulado" a la enseñanza básica de la evangelización, al llamado a un
compromiso total. En consecuencia, se ha desarrollado un concepto del
discipulado, a mi modo de ver, diluido, que tiene sólo un leve parecido con
aquella relación de Jesús con sus discípulos.
RABINOS Y DISCÍPULOS
Recientemente encontré información útil sobre la naturaleza del discipulado en
los tiempos de Jesús en un artículo titulado Las relaciones entre maestro y
discípulo en la Era Talmúdica, de Moisés Aberbach. Como lo describe el autor, lo
que llama la atención sobre el modelo de educación rabino-discípulo es en cómo
estaba ligada la enseñanza a una relación personal, de compromiso, entre el
estudiante y el maestro. A pesar de que se conocía el aprendizaje autodidacto,
se lo desaprobaba, ya que podía terminar en aberraciones.
La enseñanza que recibía un discípulo de su maestro era mucho más que un estudio
académico e iba mucho más allá del aula de clase. El discípulo pasaba el mayor
tiempo posible con su maestro y a menudo vivía con él en la misma casa. Aberbach
dice: "Se esperaba que los discípulos no sólo estudiaran la ley y todas sus
ramificaciones, sino también que se familiarizaran con un tipo específico de
vida, lo que sólo podía realizarse estando constantemente pendientes de su
maestro... Los rabinos enseñaban tanto con ejemplos como con preceptos. Es por
esto que los discípulos necesitaban anotar tanto los hábitos y conversaciones
diarias de su maestro, como su enseñanza".
Los alumnos trataban a sus maestros con la mayor deferencia y respeto. "Seguir"
a un maestro significaba aceptar su enseñanza, pero cuando lo acompañaban, se
suponía que los discípulos caminaban literalmente detrás de él, hacia un lado o
el otro. Los alumnos también servían a su maestro en muchas formas prácticas,
desde acomodar los bancos en el cuarto que se usaba para la enseñanza hasta
cocinar para él; también el ayudarlo en las casas de baños era un servicio
comúnmente asociado con el discipulado.
A pesar de la subordinación y de las costumbres respetuosas que caracterizaban a
la relación entre el maestro y el discípulo, ésta no era para nada distante o
meramente formal. El maestro trataba de criar a sus discípulos como hijos: los
cuidaba, proveía para ellos (generalmente el rabino costeaba esta educación) y
alababa o amonestaba a sus discípulos según su parecer. Aberbach describe a la
relación como muy estrecha y caracterizada por un profundo amor paterno filial.
El resumen estándar de las responsabilidades del discípulo era que todas las
obligaciones que él tenía con su padre le correspondían para con el maestro.
Después de completar sus entrenamientos, se esperaba que los discípulos se
convirtieran en maestros y transmitieran la enseñanza recibida a otros.
JESÚS Y LOS DOCE
Cuando examinamos los evangelios a la luz de esto, podemos reconocer varias
cosas que nos son familiares. Jesús se ocupaba de que sus discípulos aprendieran
estando con El y observando lo que El decía y hacía.
Ellos vivían con El y
viajaban con El. Era una relación de compromiso. Los discípulos de Jesús dejaban
a sus familias, amigos y ocupaciones para seguirlo y aprender de El. Es muy
posible que muchas de las costumbres respetuosas que caracterizaban a las
relaciones de los rabinos y sus discípulos se daban también entre Jesús y los
doce.
Los evangelios indican que los discípulos de Jesús le servían de varias
maneras: comprando comida, preparando la pascua y pagando el impuesto del
templo, por nombrar unas pocas instancias (Jn. 4.8,
Mt. 26.17,
Mt. 17.24-27).
Vemos la misma meta en la relación de Jesús con sus discípulos. El desea que
ellos entiendan y transmitan sus enseñanzas y que, en un cierto sentido, tomen
su lugar, "El discípulo no es superior a su
maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su
maestro." (Lc. 6.40). "Como me envió el Padre, así también yo os envío". (Jn.
20.21) "El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desecha, a mí me
desecha" (Lc. 10.16).
Por supuesto que la relación de Jesús con sus discípulos se diferencia en formas
diversas e importantes de las relaciones de otros rabinos con sus discípulos. El
requería de sus seguidores más de lo que cualquier rabino se hubiera atrevido a
pedir; por otra parte, nunca pretendió que sus discípulos tomaran totalmente su
lugar. "Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro
Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a
nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni
seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo" (Mt 23.8-10).
PREPARÁNDOSE PARA SER HOMBRE
Entre los judíos del Antiguo Testamento, como entre los del siglo I, era la
madre la que cuidaba, enseñaba y educaba tanto a los niños como a las niñas
durante sus primeros años de vida. Pero a partir de los cinco o siete años, el
padre toma el rol principal en la educación de los varones. Estos estaban todo
el tiempo con sus padres. Por ejemplo, si el padre de un niño era herrero, el
niño iba con él y lo ayudaba, haciendo cosas muy simples mientras era pequeño y
asumiendo más y más responsabilidades a medida que iba creciendo. El hijo tenía
así la posibilidad de observar cómo se desenvolvía su padre en cada
circunstancia de la vida, a la vez que aprendía el oficio de él. El padre le
enseñaba al hijo mostrándole lo que él mismo hacía. Jesús alude a esta dimensión
de la relación entre padres e hijos cuando dice: "Porque el Padre ama al Hijo, y
le muestra todas las cosas que él hace" (Jn. 5.20). El ideal de un padre era
criar a un hijo que fuera igual a él.
PAPA, EL MAESTRO
Las Escrituras enfatizan el rol que tienen los padres en la educación de sus
hijos. Cuando Dios instruye a Israel acerca de la Pascua, ordena que los padres
expliquen a sus hijos cómo los sacó el Señor de Egipto (Ex. 13.14). El sería la
fuente principal de enseñanza sobre la fe de la familia, la historia del pueblo
y sobre asuntos de comportamiento: "Pregunta a tu padre, y él te declarará" (Dt.
32.7, Dt. 6.6-7,
Dt. 20-25,
Ex. 13.13-15). El libro de Proverbios está
lleno de exhortaciones a los hijos a que presten atención a la instrucción de
sus padres; y a los padres, a que enseñen a sus hijos (Pr. 1.8,
Pr. 3.1;
Pr. 19.18,
Pr. 29.17. La palabra para "disciplina" y "corregir" tiene aquí también el
significado de instruir).
El diálogo entre el hermano mayor y el padre al final de la historia del Hijo
Pródigo (Le. 15) ilustra el tipo de relación que existía entre padres e hijos en
los tiempos de Jesús, El hijo mayor se queja por la fiesta que le hacen a su
hermano y objeta que él ha sido tratado mal, ya que "todos estos años te he
servido y obedecido". Estas eran las obligaciones que un hijo, aun de adulto,
tenía para con su padre mientras viviera en la casa de éste.
El padre le responde diciendo que las circunstancias justificaban la
celebración, y que él no había faltado a sus obligaciones para con su hijo
mayor: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas". El había
compartido todo con su hijo mayor. Lo que le pertenecía al padre era
virtualmente de su hijo, y cuando el padre muriera, el hijo heredaría todo lo de
su padre.
¿DISCÍPULOS EN LA IGLESIA?
Cualquiera sea la idea que nos hayamos formado sobre la relación de Jesús con
los doce y la formación que los padres daban a sus hijos, queda por hacer una
pregunta: ¿Hay un lugar para este método intensivo de formación de líderes en la
iglesia o la formación que dio Jesús a los doce fue único, así como único es el
rol de esos discípulos en la historia de la salvación y en la iglesia? ¿Es que
el carácter de Jesús lo calificaba únicamente a él para hacer discípulos de esta
manera?
La historia de la iglesia primitiva nos muestra que los primeros cristianos
empleaban relaciones de formación como las que hemos estado examinando. A pesar
de que el Nuevo Testamento sólo usa una vez el término discípulo para describir
la relación de los cristianos con otro que no fuera Jesús (Hch. 9.25), muestra
claramente a Bernabé enseñando a Pablo y éste a Timoteo, Tito y probablemente a
otros.
"TIMOTEO, HIJO MIÓ"
Pablo se llevó a Timoteo de Listra para que viajara con él y lo asistiera en su
ministerio. Timoteo se quedó con él varios años. Durante ese tiempo, fue enviado
a varias misiones y finalmente se le dio la responsabilidad de la iglesia en
Efeso. Es a Timoteo, el discípulo graduado, a quien Pablo dirige las dos cartas
que llevan su nombre.
Pablo lo consideraba como a su hijo y él veía a Pablo como a su padre en el
Señor (1 Tim. 1.2, 1 Tim. 18). Pablo se sentía con libertad de darle órdenes a su
discípulo sobre el gobierno de la iglesia en Efeso (1 Tim. 1.3,18; 1 Tim. 5.3, 1
Tim. 9, 1 Tim. 17).
Timoteo estaba bajo su autoridad en el ministerio; la iglesia de Efeso se
hallaba bajo la supervisión final de Pablo.
El aconsejó a Timoteo sobre cómo manejar diversas relaciones con la gente, así
como aconsejaría un padre a su hijo: "No reprendas al anciano, sino exhórtale
como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres;
a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza" 1 Tim. 5.1-2. Le da
directivas personales sobre su salud. No trata de persuadirlo sino que
directamente le dice lo que debe hacer: "Ya no bebas agua, sino usa de un poco
de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades". 1 Tim. 5.23
En otra parte. Pablo lo exhorta personalmente sobre un área de debilidad:
"Por
lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la
imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino
de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar
testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las
aflicciones por el evangelio según el poder de Dios" (2 Tim. 1.6-8). Timoteo,
como muchos siervos de Dios, tenía un problema de confianza y una tendencia a no
manejar las cosas de la manera directa que era apropiada.
Pablo le recuerda a Timoteo que continúe por el camino que él le mostró por
medio de su ejemplo y enseñanza: "Retén la forma de las sanas palabras que de mí
oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el
Espíritu Santo que mora en nosotros" (2 Tim. 1.13-14);
"Pero tú has seguido mi
doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones,
padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra;
persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. Y también todos
los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; mas
los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo
engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo
de quién has aprendido" (2 Tim. 3.10-14).
JUAN, POLICARPO, PAPIAS
Más allá de la información dada por el Nuevo Testamento, hay considerable
evidencia de que al menos algunos de los doce tomaron discípulos. Por ejemplo,
parece que hubo una relación de formación entre Pedro y Marcos, y Juan y
Policarpo; a su vez Policarpo, antes de terminar su vida como mártir, les
comunicó a Ireneo y Papias lo que había recibido. Era una práctica común que los
obispos, maestros y monjes tomaran discípulos a quienes ellos formarían.
¿QUE ES ESTA RELACIÓN?
A este punto sería útil identificar la característica común de las relaciones
entre rabinos y discípulos, padres e hijos, y líderes de la iglesia primitiva
tales como Pablo y líderes pastorales jóvenes como Timoteo. Esto va a aclarar lo
que quiero decir con "relación de formación".
Primero, el propósito de estas relaciones era preparar a alguien para un rol
similar al de la persona que está enseñando. Así se preparaba a los hijos para
asumir las responsabilidades del hombre y de la paternidad; Timoteo y los doce
fueron preparados para los roles de liderazgo cristiano.
Segundo, en la relación había un orden definido: una persona instruía y la otra
aprendía. La persona que era instruida servía a la persona que lo instruía y
recibía directivas personales de él. La relación de formación suponía un grado
de dirección personal mayor que la del pastoreo normal.
Tercero, gran parte de la formación se daba a través del instructor, viviendo su
vida y haciendo su trabajo en la presencia de la persona que recibía la
instrucción. Durante el tiempo que pasaban juntos, la persona que daba
instrucción buscaba enseñar por medio de su ejemplo, y la persona que lo recibía
buscaba modelarse según su maestro.
En cuarto lugar, una responsabilidad importante del instructor era el enseñar.
En todos los ejemplos que hemos considerado en este artículo, la enseñanza era
tomada de las Escrituras; cómo conducirse en la vida diaria y cómo hacer lo que
hacía el instructor, ya fuera carpintería, hilandería o pastoreo, era lo que el
discípulo asimilaba.
Finalmente, la relación entre el instructor y su discípulo era profunda,
estrecha y personal. En estos ejemplos, era análoga a la relación entre un padre
y un hijo. Dado que el propósito de la relación era la formación, la fase de
instrucción era temporaria, aunque se establecía un vínculo para toda la vida,
siendo paralela a la relación de un hijo adulto con su padre.
UN MÉTODO PARA HOY
Pienso que las ventajas de las relaciones de formación son obvias. ¿Cuántos
hijos se beneficiarían con una relación de este tipo con sus padres? ¿Cuántos
líderes cristianos podrían alcanzar la madurez más rápidamente y con menos
problemas si se practicara este tipo de entrenamiento con ellos? No importa que
otros argumentos puedan ser aducidos por su utilidad; si Jesús se valía de estas
relaciones para entrenar a los primeros líderes de la iglesia, debería motivamos
a considerarlo seriamente y comenzar a desarrollar la forma práctica de hacerlo.
Bibliografía:
- Apuntes Pastorales, Volumen VI – Número 2
| (1) Zarza.- Arbusto de la familia de las
Rosáceas, con tallos sarmentosos, arqueados en las puntas, prismáticos,
de cuatro a cinco metros de largo, con aguijones fuertes y con forma de
gancho, hojas divididas en cinco hojuelas elípticas, aserradas, lampiñas
por el haz y velludas por el envés, flores blancas o róseas en racimos
terminales, y cuyo fruto, comestible, es la zarzamora.
(2) Judas Iscariote.- (fallecido c. 28 d.C.), en el Nuevo Testamento,
el apóstol que traicionó a Jesucristo ante el Sanedrín. Al parecer
nativo de Kraiot (en hebreo Ish-Kraiot, que significa hombre de Kraiot),
tal vez una aldea de Judea, sirvió como asistente de Jesús y sus demás
discípulos. En el Evangelio de Juan (12,6), Judas es descrito como
codicioso y deshonesto. Según los Evangelios de Mateo y Marcos, fue la
codicia lo que le llevó a traicionar a Jesús, a cambio de 30 monedas de
plata y entregarlo al sumo sacerdote. En los Evangelios de Mateo, Marcos
y Lucas, Jesús es consciente de la traición premeditada, la cual
vaticinó. Es su carácter de traidor el que ha motivado la utilización
del término judas para referirse al que traiciona a un amigo. Cuando
Judas vio las consecuencias de su acción, se suicidó abrumado por los
remordimientos. El Nuevo Testamento contiene dos versiones distintas de
su muerte (Mt. 27,3-5; He. 1,16-20). |
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