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La Oración del Pecador
Yo,
_______________ [diga su
nombre completo],
soy un pecador y me confieso
ante ti Padre, Dios Todopoderoso,
creador del Cielo y de la Tierra,
de lo
visible y de lo invisible,
que
he pecado
mucho,
de pensamiento,
de palabra,
de obra,
y por omisión.
Contra ti he pecado yo señor,
mis pecados son mi culpa,
mi gran culpa.
Por esto ruego a nuestro Señor
Jesucristo, para
que interceda por mi,
para que en su
nombre,
mi alma sea purificada,
y hacerla el
Templo Sagrado,
del Espíritu
Santo.
Ven Espíritu
Santo,
enciende
mi corazón,
con las ansias redentoras
del Corazón de
Cristo,
para que ofrezca concientemente,
mi persona, mi
palabra, y mi obra,
en unión con Jesús el Cristo.
Señor mío y Dios
mío,
Padre nuestro que estas en el cielo,
santificado sea tu nombre,
me consagro a tu corazón,
y ofrezco a ti mi devoción,
mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías,
de ayer, de hoy, y
de siempre.
Danos el
pan de cada día y
perdona nuestras ofensas
como nosotros perdonamos
a nuestros deudores; y
no me dejes caer en tentaciones
libérame del mal hoy y siempre.
Creo en la reparación de nuestros pecados,
y en la infinita bondad de tu Reino,
por siempre Señor.
Amen
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LA ORACIÓN CONFORME AL EVANGELIO
Por Pierina
Antonaccio Vera
Calidad de la oración
1) Cuando oréis, no os asemejéis a los hipócritas, que fingen orar,
conservándose en pie en las sinagogas o en los rincones de las calles, para ser
vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Mas, cuando quisieres orar, entrad en vuestro cuarto y, cerrando la puerta,
orad a vuestro Padre en secreto; y vuestro Padre, que ve todo lo que pasa en
secreto, os dará la recompensa. No afectéis rezar mucho en vuestras oraciones,
como hacen los paganos, juzgando que por la cantidad de palabras serán
atendidos. No os tornéis semejantes a ellos, porque vuestro Padre sabe de lo que
necesitáis antes de que lo pidáis. (Mateo, cap. VI, 5 a 8.)
2) Cuando os aprestareis para orar, si tuviereis alguna queja contra
alguien, perdonadle a fin de que vuestro Padre, que está en los cielos, os
perdone también los pecados. Si no lo perdonares, vuestro Padre que está en los
cielos, tampoco perdonará vuestros pecados. (Marcos, cap. XI, 25 y 26).
3) Propuso también esta parábola a los que confiaban en si, como si fueren
justos, y despreciaban los otros: Dos hombres subieron al templo para orar; uno
era un fariseo, publicano el otro. El fariseo, de pie, oraba íntimamente de esta
forma: Mi Dios, te doy gracias por no ser como el resto de los hombres, que son
ladrones, injustos y adúlteros, ni mismo como éste publicano; ayuno dos veces
por semana y doy el diezmo de todo lo que poseo. El publicano, por el contrario,
conservándose apartado, ni osaba levantar los ojos al cielo, mas se golpeaba el
pecho diciendo: Mi Dios, ten piedad de mi, que soy pecador. Yo os declaro que
este volvió a su casa justificado, y el otro no; porque aquel que se exalta
será humillado y aquel que se humilla será exaltado ( Lucas, cap. XVIII, 9 a
14.)
4) las
cualidades de la oración fueron, así, distintamente definidas por Jesús. Cuando
quisieres orar, dice El, evita que te vean, ora secretamente, evita orar mucho,
pues no es por la multiplicidad de las palabras que serás atendido, sino por la
sinceridad de la oración. Si , antes de orar, tuvieres algún resentimiento
contra alguien, perdónalo, porque la oración deja de ser agradable a Dios,
cuando no parte de un corazón puro de todo sentimiento contrario a la caridad.
Ora, al fin con humildad, como el publicano, y no con orgullo, como el fariseo.
Examina tus faltas y no tus cualidades, y cuando te compares a los otros, busca
lo que hay de mal en ti.
Eficacia de la Oración
TODO CUANTO PIDIERES ORANDO, CREE, QUE OBTENDRÉIS Y OS SERÁ
CONCEDIDO. (Marcos, cap. XI, 24.)
Hay personas que contestan la eficacia de la oración,
fundadas en que, conociendo Dios nuestras necesidades, es superfluo que las
expongamos, dicen además que, encadenándose todo el universo por medio de leyes
eternas, no pueden nuestros votos alterar los decretos de Dios.
Sin duda alguna, existen leyes naturales e inmutables, que
Dios no derogaría conforme al capricho de cada uno; pero de ahí a creer que
todas las circunstancias de la vida son sometidas a la fatalidad hay una gran
distancia. Si así fuera, el hombre (la humanidad) no sería mas que un
instrumento pasivo, sin libre arbitrio y sin iniciativa, hipótesis en que sólo
le restaría curvar la cabeza bajo el peso de todos los acontecimientos, sin
buscar evitarlos, sin procurar desviarles los golpes. Si Dios nos concedió
raciocinio e inteligencia, fue para que de ellos nos sirviéramos, así como nos
dio la voluntad para querer, la actividad para ser puesta en acción. El hombre,
por la libertad que tiene de actuar en otro sentido, es que hace con que sus
actos traigan para si y para otros consecuencias de lo que él practicó o dejó de
practicar De su iniciativa se originan acontecimientos que escapan forzosamente
a la fatalidad y que no por eso destruyen la armonía de las leyes universales,
del mismo modo que el adelantamiento o el atraso del puntero de un reloj no
deroga la ley del movimiento a que está sujeto el mecanismo.
Así, Dios puede acceder a ciertos pedidos, sin inmutar las
leyes que rigen el conjunto, dependiendo siempre eso del asentimiento de Su
Voluntad.
5)Sería ilógico concluir de esta máxima “Todo cuanto pidas
orando, te será concedido”, que baste pedir para obtener; como injusto fuera
acusar a la Providencia por no atender todos los pedidos que le son hechos, por
cuanto, mejor que nosotros , Ella sabe de qué necesitamos .De esa manera es que
procede el padre prudente : niega al hijo lo que sea contrario al interés de
éste .Ahora, si el sufrimiento es útil a su futura felicidad, claro está que
Dios lo dejará sufrir, como el cirujano que deja que el enfermo sufra una
operación que le traerá la cura.
Lo que Dios podrá conceder, si el hombre le suplica con
confianza, es el coraje. En la paciencia y en la resignación, igualmente el
encuentra medios de escapar a los problemas por el auxilio de las ideas que su
ángel le sugiere, dejándole el mérito de la acción. Dios asiste a los que se
ayudan a si mismos confirmando esta máxima “Ayúdate que el cielo te ayudará”.
No auxilia a los que todo esperan del socorro extraño, sin usar de las propias
facultades, sin hacer nada, prefiriendo la mayor parte de las veces, ser
socorrido por milagro.
La Oración Inteligible
Para finalizar, porque podría continuar mucho tiempo
escribiendo quiero referirme a la ORACIÓN INTELIGIBLE.
Si yo no entiendo lo que significan las palabras, seré un
bárbaro para aquel a quien hablo y aquel que me habla será un bárbaro para mi.
Si oro en una lengua que no entiendo, mi corazón ora, mas mi inteligencia no
recoge ningún fruto.
Si apenas con el corazón alabares a Dios, cómo es que uno
de aquellos que sólo su propia lengua entienden dirá “amén”, cuando termines
vuestra acción de gracias, una vez que el no entiende lo que dices?- No es que
vuestra acción no sea buena; ella, sin embargo, no concurrirá para edificación
de los otros. (Pablo, 1era. Epístola a los Corintios, cap. XIV, v 11,14,16 y 17)
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